Sin darse cuenta eran prisioneros de un sistema que las élites dominantes manejaban a su antojo, para lograr el dominio pleno de la humanidad.
Alfredo era un experto en psicología y psicotrónica, tenía varias especialidades y entre las cuales se destacaba el estudio y la neurociencia, cada vez que miraba uno de los rostros de las personas sentadas en la mesa se daba cuenta de que eran rostros de personas tristes, sin presente y sin futuro.
Cada tanto solía preguntarse cómo ha llegado la humanidad a ser tan pasiva ante estas calamidades, ante este sometimiento de la voluntad humana, entonces volviendo a mirar esos rostros de hombres y mujeres se daba cuenta que el inconsciente aún reconocía otras épocas mejores donde la alegría de vivir generaba en el hombre y la mujer creaciones artísticas de enorme talento que hoy cuando uno mira alrededor de esta civilización ultracomunicada comienzan a ser ruinas antiguas.
Nadie crea, todo se genera automáticamente, la destreza en manejar tecnologías reemplazó al hombre y la mujer pensante, al arte y a la cultura.
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